dieciocho horas con siete minutos

lunes, 23 de febrero de 2015

*










estoy sentada

claro que estoy sentada
en una silla de madera



el vacío es estar sentada
en una silla de madera
con el alivio
de que por lo menos tus amigos
pueden sentir
lo que una pierde todos los días
por la gotera 



mirarse las rodillas
tan correctamente ubicadas
a la distancia que todos esperamos
tener
una rodilla de la otra


suena el teléfono
mamá llama para contarme que ayer fue el cumpleaños de mi tía
y yo no la llamé
hizo una fiesta preciosa, dice

la silla no tiene palabras amables para devolver
todos sabemos
que a las sillas esas cosas
le dan lo mismo, hace años



escucho atentamente

pienso en mis amigos
algunos todavía están enamorados
y andan en bicicleta
borrachos
a la noche
como cuando teníamos dieciséis



corto el teléfono
una de las rodillas
se posa por encima de la otra
la silla
se queja

un día, 
           algo podría pasar.










asado

jueves, 12 de febrero de 2015

*




nadie más debería entender
esto
llevo días, tal vez horas
en esto


hace un año
y menos también



llorar al lado de la carne podrida
porque ya no te conmueve
es tan injusto
como querer salvarla de la muerte
mirando la bolsita de la carnicería


estúpida
carne



yo hubiese lamido las manos del carnicero
mas de lo que me alcanzaban las lenguas
y la boca
hubiese lamido a la mujer del carnicero
y a su gato


pero la carne es es eso
un bodoque de nervios y sangre y dos o tres historias podridas.
con hombres y mujeres podridos.
y bocas que lamían palabras podridas.


y la piel

el principio y el fin
donde nos partíamos al rayo del sol
por no llenarnos de los olores conocidos



y debajo,

la carne se despide indignamente
- llorando -
como si eso le diera un sentido:
el de no morirse nunca mas

nunca mas
mas muerta que ahora

esta carne no es la memoria
tampoco es el final.















 **

Cumbia, nena

miércoles, 11 de febrero de 2015

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estaba gorda
y bastante desvencijada
con las rodillas hinchadas y un poco desdibujadas
pero todavía usaba minifaldas y soleras cortas

¡Dale Vivi! ¡Bailate algo! 
¡Quiero verte moviendo la cola o algo de eso que tenés!

le gritaba su vecino, sentado en la silloneta del patio que lindaba con el de ella

él también estaba viejo y se abanicaba con un pedazo de cartón abajo del sol
y le caían las gotas desde la pelada

le gritaba y se reía fuerte
sin miedo de que lo escuche su mujer que regaba las rosas en el fondo

¡dale Vivi! ¡si ya no anda tu macho…!

a veces
su mujer le decía algo por lo bajo

Ruben… los chicos…

pero él insistía
mientras despegaba el porrón del telgopor

Vivi no se llamaba así
era un nombre que él le había inventado cuando éran amantes
y en ese tiempo a alguno de los tres
todavía le importaba esconderlo

se llamaba Graciela y estaba gorda

nadaba bajo el rayo del sol
indiferente
como si nada

como si no hubiese habido un día
en el que ella 
tuvo una sonrisa para él y sus bromas estúpidas
y una cumbia para bailarle cada vez que su mujer se acostaba a dormir la siesta

ahora ella tenía una mueca marcada en su boca carnosa 
que simulaba una sonrisa y disimulaba los dientes 
manchados por el tabaco

a veces la casa se le llenaba de sobrinos preadolescentes
que se tiraban de bomba en la pileta y fingían tomar cerveza tibia

a veces venía algún tipo
medio roto
a moverla un poco
en la pileta
o en el sillón del living
sin mucho éxito

ahí era cuando Rubén ya no le gritaba
porque el hombre
se jactaba de tener códigos y de saber tratar a una verdadera mujer
especialmente 
si se trataba de una buena vecina,

como la Vivi.










*






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