Cien cuentas

domingo, 7 de febrero de 2010

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A Él, por no rendirme cuentas
nunca





el Conde Penny A. llamó a sus hombrecitos de traje

los sentó
- uno a uno -
en sus rodillas
y los fue despidiendo
- uno a uno –
de sus actividades
del palacio
del Conde Penny A.

a todos

los despidió
por la puerta del frente
vestido de gala
y con un pañuelo de mujer

a todos
lloró

a todos no.

el único que no fue llamado
al teléfono
de los hombrecitos
del Conde Penny A.
fue el chofer
del coche fúnebre

permanecía
en la habitación
de los hombrecitos
del Conde Penny A.
esperando
sudando

el Conde abrió la puerta
y lo llamo a cenar
después lo bañó
lo vistió de hombre
y lo sentó en el coche
- en la parte de atrás –

durante días
lo paseó
por las calles

mientras los hombrecitos
y las mujercitas
aplaudian al Conde
y a su hombre pequeño
por las calles del pueblo
por el palacio
del Conde Penny A.

el día que el Conde
- a toda velocidad -
salió despedido
desde el parabrisas del coche
por el precipicio
en las afueras del pueblo
del palacio

el funebrero esperaba
- una vez más -
sentado en su cama
no tener que salir a trabajar












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